Eres efímero, utópico, invisible; te guardas a semejanza de un caracol, te guías como los cangrejos y para colmo no vives en el mar.
La frialdad te delata; te escondes del mundo como si tu deuda no hubiera sido pagada, crees que el universo te debe algo, pero para toda acción corresponde una reacción, ¿Qué le has dado al universo?
La fe sin obras es muerta, las obras que no son completas no están bien hechas, lo que no estpa bien hecho no sirve y lo que no sirve no se paga.
Entonces, ¿Dónde quedó la deuda?.
Para ir al universo hay muchos caminos, pero la manera más factible de llegar, es confiar en que se está en él. El segundo paso es ubicarse en estar en el lugar correcto, en el momento correcto, con las personas correctas; si deseas comprobar si el lugar donde estás es el ideal, mide tu grado de felicidad.
Si felicidad es igual a armonía, equilibrio, gozo, plenitud y confianza, además, en su conjunto es una forma de vida. Cuando tú eres feliz, lo demás viene por añadidura.
No pidas más de lo que tienes, tienes lo que ganas y lo que ganas de acuerdo a un grado de felicidad simple, viviendo la vida al máximo.
Para el buen vivir no existe un mínimo. Vivir es discernir en que arriesgarse; si el propósito es personal no es bueno, si tus metas ayudan a dar esperanza y repartir felicidad, entonces, tú eres un triunfador.
Triunfar es tener éxito en una acción completa, y se completa con la exhortación a los demás.
Recuerda que si no haces algo por el mundo, tu vida no tendrá propósito, y hacer algo, es amar, confiando y creyendo en los demás.
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