martes, 3 de febrero de 2009

21 de enero

Desperté en medio de voces altas, una alarma y una desesperación por abrazar a mi madre. Era una mañana común, pero no igual a las demás. Todavía no cantaban los gallos, el sol y la luna pareciera que contemplaban todo -como si comentarán sobre el show-, el viento frío de la neblina, humo desprendido de la respiración. La dulce mirada de mi madre recordando el acontecimiento de hace 21 años, ella prácticamente desviviéndose como siempre por el bien servir, dándolo todo sin esperar nada material, sólo por la recompensa de un abrazo o un te quiero, mamá.

Empezaron a sonar las mañanitas, pareciera que al igual que aquel día quería compartir la felicidad que sentía a todo el mundo.
Salir y despedirme con un beso, esas despedidas eternas, como cuando sientes que debes dejarlo todo en un beso y un abrazo, por si no vuelves a regresar.
Nadie sabía cual era el acontecimiento del día y eso me hacía sentir bien, porque aquí lo festejable se saborea sólo en el alma y es estar seguro que Dios me ha mantenido fuera de casa por un propósito, no se si he cumplido sus propósitos o no, pero tengo la certeza que cuando vuelva a casa, me estará esperando a la mitad del camino, con una sonrisa, un beso y un fuerte abrazo.

He tenido miedo de la muerte, a veces me resisto a pensar en irme -aunque siempre lo tengo presente-, si tuviera 20 días de vida, no intentaría satisfacer mi goce corporal, sino darle todo mi afecto a quienes más extrañaré, brindarle lo mejor de mí a las personas que me rodean, que aunque se que me olvidarán –porque nadie es indispensable en esta tierra-, en su ser guardarán la sonrisa o lagrimas de los momentos que compartimos y allí estaré yo, siendo nada y a la vez parte.

Llegué al colegio, juraba que nadie se acordaría, de hecho nunca había dicho mi cumpleaños a ellos, pero por alguna extraña razón lo sabían, la persona más fría fue la primera en recordarlo y saludarme con alegría, las demás personas lo hicieron por compromiso social –pienso- sin embargo, sin saberlo escribieron cosas agradables para mí en mi agenda. Fue una sensación extraña, hablo poco y renuncio a conversar mucho, pero pareciera que aún así les agrado, mínimo como para tomarme en cuenta.

El ser humano es muy complejo, trato de analizarlo y descubrir el por qué de sus acciones y aunque tengo 21 años especializándome en ello, aún me falta tanto por aprender.
Doy gracias Dios por hacer de mi vida un caramelo, por hacerme vivir y sentir, gozar y llorar, por tener hoy un día más de vida, espero llegar a mañana, sino llego, sólo ruego a Dios que sustente a mis seres queridos, que los cuide mientras nos volvemos a ver en casa.

Tengo mucho por vivir, pero no se que pasa, que mis ambiciones van menguando día con día, estoy empezando a vivir sólo 1 día, siento todo lo que debo sentir al máximo y después muero para despertar al siguiente nivel.

Este conjunto de niveles superados en mis 20 fue basto, aprendí a recuperarme, a amar y ser amada, encontré la verdad en medio de la penumbra, me consolé en su lecho, me enamoré para siempre del ser que más me ha amado, pude contrarrestar mi rebeldía para ahora ser una persona feliz, en equilibrio, en armonía con Él, ahora que me siento así recuerdo el pasado y me da tanta admiración los deshechos que debe de mi corazón en diferentes tierras, pero ahora fue reconstruido por un corazón suturado con pequeños trozos de corazones ajenos. Tal vez las personas tienen miedo a alcanzar la paz interior, porque es parte al miedo al éxito, porque que hay después de él?......Es tanta la satisfacción que la persona puede vivir en una alegría constante y sentir que todo lo que puede vivir en adelante, jamás podrá ser inferior a esa sensación imperial de estar en la cima.

Me considero una triunfadora, quizá para alguien que ha vivido más que yo, yo no he hecho nada, pero para mí, he hecho mucho y lo tengo todo, por lo tanto, nada más importa que no sea darle mi amor completo, con todo y mi corazón remendado a mi creador; todo lo demás viene por añadidura, yo confío locamente en mi enamorado y el no miente, el cumple todo lo que promete, por eso hoy puedo estar aquí festejando mis 21 años exclamando que soy feliz permanentemente, evadiendo toda norma social de que la felicidad es efímera y volátil, afirmando que cuando uno ama con el espíritu y el alma, uno puede alcanzar las estrellas y regresar a describirlo en palabras.

No hay comentarios: